Tuesday, 18 June 2019

La leyenda negra, los males de España y el régimen de Franco



Teresa Barro
Empeñarse en demostrar que no hay nada de verdad en la leyenda negra de España solo puede llevar a reacciones automáticas de superioridad e inferioridad y a no adquirir experiencia. Esa leyenda surgió de un gran deshonor, de una gran mancha de la historia que debilita como una enfermedad y no deja actuar con inteligencia.
La gran mancha de la historia de España empezó con la alianza de la Corona y la Iglesia que se forjó en el reinado de los Reyes Católicos y que, con la ayuda de la Inquisición, impuso un sistema de desprecio al trabajo, mal gobierno, pésima administración económica y supremacía absoluta de los que, en nombre de la religión, se atribuyeron a sí mismos poderes divinos y eliminaron el pensamiento y el saber para conseguir la credulidad ignorante que se convirtió en papanatismo y la dependencia que pasó a ser colaboración y vasallaje. El régimen dictatorial y cruel que entonces se instituyó echó raíces profundas y sigue vivo hoy, aunque con disimulo. Solo se vio amenazado por la Segunda República, que quería hacer las cosas de otro modo, y a eso le puso fin Franco. El régimen franquista sirvió para restaurar el mando de la Corona y la Iglesia y eliminar todo lo que pudiera amenazarlo, con el beneplácito de las potencias extranjeras que querían seguir contando con un país atontado y risible que andaba sin rumbo y hacía lo que le mandaban.
En estos momentos el único ejemplo que se pone de mancha vergonzosa es el nazismo de Alemania. Pero esa mancha  fue leve si se compara con episodios de crueldad y terror inigualados que marcaron la mentalidad y el sentir de los países que los vivieron, como fueron la Revolución Francesa, con sus persecuciones y espectáculos públicos de humillación y decapitación de inocentes, o la bomba atómica lanzada por los Estados Unidos sobre Japón cuando ni falta hacía para ganar la guerra que ya estaba ganada y solo se hizo para diversión de asesinos y demostración de poder. Los nazis fueron un puñado de sádicos que hicieron cosas terribles, pero en secreto y sin la complicidad de la mayoría de los alemanes, que no sabían lo que estaba sucediendo. La Inquisición, en cambio, persiguió, humilló, expulsó, torturó y ejecutó durante más de tres siglos y lo hizo como espectáculo público apoyado por las autoridades y santificado por la Iglesia, con lo que la gente se insensibilizó y se acostumbró a gozar de la crueldad.  La España a la que se le amputó el espíritu en nombre de la religión se cerró al mundo de fuera, perdió el entendimiento de la realidad  y se volvió fría, indiferente e incompetente.  
El imperio debiera haber expandido la imaginación y el espíritu emprendedor de los habitantes de las Españas, pero el régimen de terror santificado que se impuso los dejó sin juicio, viviendo de fantasías y sin capacidad de apreciar lo que valía. Los grandes descubrimientos fueron rebajados para despojar a los descubridores de los bienes y la fama que merecían. El que a un hombre de la inteligencia y saber de Colón se le arrebatasen todos los derechos,  se le tratase como a un criminal y se le hundiese en la miseria, forma parte de la gran mancha de la historia de España. El sistema fomentó la ineptitud, la pillería y el mal vivir que convenían a la Iglesia y a los poderosos. En tiempos de Felipe II, en la España dueña de medio mundo, el mal juicio, la envidia y la incompetencia llevaban ya al fracaso en todo lo que se emprendía.  La magnífica Armada que se envió contra los ingleses no volvió derrotada por culpa de los elementos, como se proclamó, sino porque el rey se empeñó en quitarle el mando al que sabía y se lo dio al que no sabía.
Para los habitantes de la España cerrada dejó de contar todo lo que no fuese  el centro de poder en la península. El imperio se perdió de mala manera porque España se negó a entender a los habitantes del Nuevo Mundo y los trató con soberbia, indiferencia y frialdad, como una madre tiránica que no escucha a los hijos y exige adoración y obediencia ciega. Mientras que los ingleses supieron reaccionar con inteligencia a la pérdida de su imperio y forjaron lazos de amistad con las antiguas colonias, los españoles reaccionaron ofendidos a la pérdida del suyo y despreciaron a los que consideraban inferiores y menores de edad eternos.
Los males de España, de los que tanto se habló, surgieron de la gran mancha que empezó con los reyes ¨católicos¨ y se agrandó con el tiempo. La guerra civil y el régimen de Franco sirvieron para restablecer el poder y la alianza de la política y la Iglesia. Franco montó otra Inquisición en los primeros años que aniquiló todo lo que pudiera entorpecer la vuelta al sistema que venía de muy atrás . El aliento y el amor al saber con los que la Segunda República quería borrar la mancha y los males de España fueron aplastados y sustituidos por la inercia y la credulidad de antes. Las generaciones educadas en la propaganda y la insensibilidad por el régimen de Franco aumentaron, con su desconocimiento de la realidad y su insensibilidad al mundo de fuera, la mancha que ni vieron. Y los males nunca se corrigieron porque de eso se encargaron la enseñanza deformadora del intelecto, la falta de información y la incapacitación para entender la propia historia.
Junio de 2019

Monday, 8 April 2019

Por qué España no adelanta


Teresa Barro
¿Es política lo que están haciendo los políticos en España?  Gobernar un país es como gobernarse a uno mismo: para hacerlo es imprescindible querer ver la verdad e interpretar bien la propia historia.    El desconocimiento del pasado hace que los habitantes de España lleven muchos años y siglos desorientados, queriendo adelantar y sin saber hacerlo, esperando que, si se apuntan a la moda del momento, la corriente los llevará al soñado adelanto y confiando en que en algún momento caerá la solución del cielo o se encontrará la panacea que lo resuelva todo.
Los que se presentan como políticos ofrecen vaguedades para arrancar votos, pero ninguno de ellos quiere resolver los males de fondo. Esos males empezaron cuando los Reyes ¨católicos¨ torcieron el rumbo de los países que formaban las Españas y los aprisionaron con la ayuda de la Iglesia y una Inquisición que aplastó el pensamiento, quebrantó el espíritu, corrompió el sentimiento y obligó a vivir en la superficie y las apariencias, con lo cual se perdió el sentido de la realidad. La alianza de la Corona y la Iglesia que se estableció en aquellos tiempos insertó un sistema de abuso que continúa hoy. El régimen de Franco nació y vivió gracias a ese sistema, y a su sombra prosperaron una Iglesia que repitió la Inquisición del pasado para recobrar el poderío ilimitado, una Corona que había sido rechazada y no se resignaba a perder el negocio y una élite pegada a esas dos instituciones.
De una dictadura no se sale con facilidad y de un sistema de abuso como el que se estableció en España con el apoyo de la Iglesia, mucho menos. El maltrato, la crueldad institucionalizada y la falta de libertad echan raíces en la mente y el sentir. La Transición sirvió para vestir de democracia al sistema y reforzarlo con disimulo. Siguió tapándose la historia, se dio el franquismo por acabado y se pintó la España de Franco como si careciese de todo, lo que valió para que los que vinieron después se cubriesen de gloria sin esfuerzo y para que ni el régimen ni las consecuencias se analizasen. Y así siguió la alianza de la Iglesia y la Corona, con un disfraz que permitió a las dos instituciones acrecentar los privilegios, el mando y las riquezas.
Los que manejan la política no quieren que acabe el poder de la Iglesia, y lo aumentarán si pueden. Los aforos y las inmunidades protegen el vicio y la corrupción y hacen de España un país menoscabado.  Para que haya democracia y libertad tiene que haber mecanismos que impidan el abuso de poder, y entre esos mecanismos están la información, la crítica, el escrutinio y el rendimiento de cuentas. Pero lo que se favoreció en España con la falsa democracia fue el secreto, el robo, el engaño y la impunidad.  Es a los monarcas, las figuras eclesiásticas, los políticos y todos aquellos a los que se les confía el mando a los que hay que someter al máximo escrutinio, porque son los que más pueden abusar del poder y traicionar al país y a los ciudadanos que les pagan.
En un país en el que falta trabajo no puede haber libertad. Cuando se aliaron la Corona y la Iglesia en tiempos de los Reyes ¨católicos¨  dejaron sin medio de vida a los que antes lo tenían e hicieron que nadie pudiese trabajar para no ser acusado de hereje, con lo cual mutilaron a la población y la dejaron inutilizada. La falta de trabajo conviene a los poderosos, para que todos vivan acorbardados y tengan que someterse a lo que ellos quieran.  Un país en el que hay que ser empleado del Estado para poder vivir, y en el que los estudios están dirigidos por funcionarios para hacer más funcionarios, no puede adelantar. Por detrás de las modas y las apariencias, seguirá apartado del mundo real y haciendo lo que cree que hacen los demás, sin capacidad de enjuiciamiento y sin empuje ni iniciativa.
No sería tan difícil iniciar el camino del adelanto. Pero no puede ser casualidad que los que se presentan como políticos no hablen de estos asuntos. Les conviene que siga el atraso en el que saben moverse y que solo les exige maniobra y pillería.
Abril de 2019

Friday, 22 February 2019

¿Cristianismo, o patriarquismo disfrazado de religión?



Teresa Barro

Dado lo mucho que se invoca el cristianismo para influir en la política y decidir el modo de organizar la sociedad y regir las naciones, habría que preguntar, tanto pensando en los creyentes como en los que no lo son,  si lo que se presenta como moral y bueno por ser cristiano tiene alguna base o si es un gran engaño para imponer dominio y opresión.  ¿Son cristianas la ideas sobre las mujeres y la familia que se propagan en nombre del cristianismo?  ¿Hay algo en el cristianismo que pueda llevar a defender y afianzar el sistema autoritario y jerárquico que impuso la sumisión de las mujeres y los hijos a la autoridad divina del varón-patriarca y con ello mutiló el potencial humano e hizo del mundo una cárcel para todos? ¿O lo que sucedió fue que los hablaron en nombre del cristianismo lo tergiversaron para adaptarlo al modelo patriarcal?  Créase o no en el relato bíblico de la vida de Cristo y de lo que hizo y dijo, todo apunta a que un mensaje contrario a la dominación y el poderío fue interpretado con intención maniobrera y falseado para reforzar el patriarcado.  
En la manera en que nace Cristo y en todo lo que hace después parece haber un fuerte empeño en no seguir el modelo patriarcal. Las iglesias presentaron su nacimiento en un pesebre y en un lugar extraño, fuera del hogar, como lección de pobreza y humildad, y el que hubiese nacido de una mujer virgen como prueba de que las mujeres corrientes eran impuras y de mala calidad. Pero lo más notable del relato es que Cristo nace en una familia sin padre humano, sin patriarca, por tanto, y, en la interpretación católica, de una mujer virgen y sin pecado original, lo que significa que sería como la mujer creada al principio, sin ninguna propensión a dejarse dominar por los hombres ni a adaptarse a lo que ellos quisiesen.
En la interpretación que hicieron las iglesias, el que la madre de Cristo apareciese como una mujer virgen sirvió para recalcar que las demás mujeres eran impuras, deficientes e inferiores, pero, aun así, la virginidad de María suscitó gran incomodidad, hasta tal punto que las iglesias protestantes en general no lo admitieron. En el patriarcado la virginidad de las mujeres solo tiene valor mercantil, es para que el varón pueda adquirir una propiedad intacta o para que los sádicos disfruten destruyéndola a la fuerza. El destino indiscutible de la mujer en el sistema es vivir subordinada a los hombres, ser madre y entregar los hijos a la familia. El concepto de virginidad eterna en la mujer es inaceptable por lo que supone de capacidad de elegir y de desvincularse del sistema. El cristianismo rechazó como pagana la tradición que había en otras religiones de una virginidad eterna que permitía la realización de una feminidad independiente y gozosa. Dos de las diosas más admiradas y poderosas de la religión griega, Atenea y Artemisa, eran vírgenes que eligieron vivir sin hombre y sin hijos y dedicar la potencia de la energía femenina a otras tareas. Las iglesias cristianas hicieron lo posible por olvidar la fuerza e independencia que suponía la virginidad eterna de la madre de Cristo e insistieron en presentarla como esposa y madre corriente, cumplidora del rol subordinado y apagado que le correspondía. Cristo nace sin padre humano, con una madre virgen que no se atiene a la norma patriarcal, y fuera de la casa y la Familia, sin el injusto festejo que le correspondería como hijo varón nacido en la típica familia del patriarcado.
Se interpretó el que Cristo fuese varón como demostración de la superioridad nata del hombre y como mandato implícito de que las iglesias cristianas tendrían que estar regidas por varones. Pero todo parece indicar que Cristo, en su primera venida al mundo, quiso dedicarse a enseñar y, si hubiese sido mujer, no se lo habrían permitido. No habría podido hablar en las sinagogas y en los templos, como parece que hizo desde muy temprano, y mucho menos salir en los últimos años de su vida a enseñar a los que quisieran escuchar. Si una mujer hubiese salido de su casa a andar por los caminos y hablar con todos, la hubiesen tachado de prostituta y violado, apedreado y matado. Si a él, siendo varón, le reprochaban que no siguiese al pie de la letra lo que estaba escrito en los libros sagrados y se apartase de las interpretaciones habituales, a una mujer ni la hubieran dejado abrir la boca. Las iglesias cristianas hicieron todo lo posible por tapar que parecen haberlo acompañado mujeres y hombres, pero, de no haberlo tapado, habrían insistido en que las mujeres iban para cocinar y lavarles la ropa a los varones. Que las mujeres tenían el mismo rango y cometido que los hombres debería haber quedado demostrado en que lo último que dijo antes de morir fue que dejaba a la cabeza de la nueva iglesia a una mujer, su madre. Las iglesias cristianas nunca lo aceptaron y difundieron la burda interpretación de que un Cristo que estaba agonizando había pedido a uno de los discípulos que se encargase de su madre y la cuidase, cuando es de suponer que, si eso le hubiese preocupado, habría tomado medidas mucho antes sin esperar al último momento.
Otro episodio de la vida de Cristo que las iglesias cristianas encontraron muy incómodo e imposible de encajar en las normas patriarcales fue el de un Cristo muy joven, aún niño o adolescente, al que en un viaje sus padres pierden y buscan angustiados hasta que lo encuentran sentado entre los maestros en el templo, escuchando y haciendo preguntas. Cuando le reprochan el susto que les hizo pasar al no ir con toda la comitiva, él contesta que las cosas del espíritu son más importantes que el ¨estar en familia¨. Una de las principales columnas del sistema patriarcal es la doctrina de la piedad filial, según la cual los hijos deben sumisión y agradecimiento eterno a los padres, con lo que ya se inserta desde el principio de la vida la idea de obediencia a las autoridades y se mutilan los derechos y la personalidad de los que nacen. Además, en el patriarcado es la Familia como institución lo que cuenta, no sus integrantes. La Familia es el ídolo al que hay que sacrificar todo. Los hijos nacen para los padres y para dar continuidad a la Familia, con lo que también desde el principio se rebaja el potencial humano al exigir el sacrificio de la libertad, la individualidad y la creatividad. Cristo no acepta el rol de buen hijo y amante de la Familia y afirma que el espíritu es lo más importante. Las iglesias presentaron ese episodio como una aberración momentánea, un lapso juvenil de un Cristo que, según ellas, después se arrepiente y obedece a sus padres como está mandado. Las iglesias usaron lo de ¨honrar padre y madre¨ para fortalecer la piedad filial propia del patriarcado afirmando que era un mandato de obedecer a los padres, a las autoridades, cuando lo único que puede significar es que hay que honrar a la humanidad, para lo cual hay que amar el espíritu y seguir sus reglas, aun en contra de las reglas humanas.
La llamada familia cristiana responde al mismo modelo que la confuciana, la musulmana o cualquier otra: es el modelo de familia patriarcal que infunde injusticia y desalienta el potencial humano. El cristianismo tendría que haberse separado de un sistema que ahoga el espíritu, pero lo que se llamó cristianismo fue patriarquismo disfrazado de religión.
Febrero de 2019

Sunday, 20 January 2019

Los dos bandos y el aborto



Teresa Barro
 
La división en dos bandos, los buenos y los malos, los que tienen toda la razón y los que no tienen ninguna, no deja centrarse en los problemas, que quedan desenfocados y sin resolver en la lucha por quién domina e impone.
Los dos bandos que se disputan el mando en la cuestión del aborto no buscan comprender lo que está en juego en ese asunto ni que se llegue a una solución justa. Cada uno de los dos quiere ganar la guerra y que el otro la pierda, y para eso convierten el aborto en arma de aniquilación del contrario y símbolo de moral o libertad, sin importarles para nada el fondo de la cuestión.
Podría creerse en la sinceridad de los que quieren que el aborto esté penalizado si ese mismo afán con que defienden el derecho a la vida cuando se trata de castigar a las mujeres lo pusiesen en que no haya guerras que esparcen muerte, miseria y abuso. Si les preocupase el respeto a la vida no podrían creer que la sociedad tiene derecho a condenar a muerte a un ser humano o a encerrarlo en condiciones humillantes y sin dignidad ni esperanza en el futuro, que es otra forma de matar, ni vivir tranquilos sabiendo que no hay trabajo para todos, porque sin trabajo la vida es una muerte lenta. Tendrían que admitir que el aborto es muchas veces consecuencia de la penuria y de no tener los medios con que cuidar a los hijos y, en vez de insistir en que se castigue a las mujeres que abortan, tendrían que insistir en que se castigue a los que implantan pobreza y se aprovechan de ella. Lo que buscan con que el aborto esté penalizado es defender el estatus quo y el supremacismo, y que tengan el mando y el poder los ¨superiores¨ en nombre de la moral ¨divina¨.
Pero el otro bando también quiere ganar por encima de todo y no se conforma con que el aborto no esté penalizado, sino que aspira a que esté aplaudido y se convierta en un derecho de las mujeres, sin tener en cuenta que ninguna mujer aborta por gusto, sino obligada por las circunstancias o, muchas veces, presionada, y que en la prostitución organizada se obliga a las mujeres a que aborten para que sigan dando rendimiento o que en algunos países se usa el aborto como forma de anticonceptivo. El típico feminismo de la izquierda ¨progresista¨ se contentó con cubrir las apariencias, puso a los hombres de modelo que había que imitar, despreció las diferencias de las mujeres con los hombres y se negó a admitir que muchos de los problemas surgían precisamente de lo que era típico de la mujer y no del hombre, como la maternidad y el aborto. Al considerarse que las cuestiones ¨de mujeres¨ no valían la pena y había que quitarles importancia, se llegó a la conclusión de que abortar tendría que ser tan fácil y sencillo como beber un vaso de agua, con lo que se contribuyó al machismo y a que, en nombre del feminismo, se siguieran manteniendo las pautas de superioridad masculina e inferioridad femenina del sistema patriarcal.
¿Qué ocurriría si el aborto no estuviese penalizado?  No habría por ello más mujeres que abortasen, porque abortar es una tragedia y no un placer. Lo único que sucedería sería que se podría tratar la cuestión más a fondo y con más libertad y conocimiento, sin tener que someterse a la presión, censura y propaganda del bando moral-religioso y del progresista-feminista y sin que formase parte del paquete ideológico de la derecha o de la izquierda política. Nadie perdería con que aumentase la comprensión del sufrimiento de las mujeres o de los derechos de los hijos, la sociedad se sensibilizaría, ganarían la justicia y el espíritu, y el aborto acabaría desapareciendo.
Como los dos bandos quieren ganar y que se les aplauda por buenos y por tener toda la razón, ninguno apoya que se despenalice el aborto, y la idea de que el otro bando pueda ganar les escandaliza y les resulta aborrecible. Por lo cual seguirán llevando la cuestión del aborto  a la política y convirtiéndola en arma de la izquierda o de la derecha, haciéndolo símbolo de moralidad o de liberalismo, insensibilizando y entorpeciendo que se comprenda y cure la raíz de la injusticia que lo origina.
Enero de 2019

Thursday, 1 November 2018

El eterno mal gobierno de España


Teresa Barro
España vive en una especie de dictadura desde que los Reyes Católicos, con el apoyo de la Iglesia, instituyeron un sistema de abuso y latrocinio que hizo que la mayoría tuviese que trabajar para sostener a una oligarquía privilegiada que despreciaba el trabajo.  Pasaron los siglos y lo mismo sucede ahora:  se acribilla con impuestos a los que trabajan de verdad porque de su dinero tienen que salir los lujos, los sueldos imponentes y la vida a lo grande de los acostumbrados a embolsar e imperar.
Los habitantes de España vivieron desde el siglo XV mutilados por un sistema dictatorial que tomó diversas formas, unas más agresivas que otras, pero que les infundió miedo y desconfianza en sí mismos, los aborregó y los acostumbró a dejar que las autoridades decidiesen por ellos y los tratasen mal.  Todo dirigido siempre por una Iglesia abusiva que no dudó en torturar, matar y quemar ¨herejes¨ para hacerse con el poder absoluto y con bienes que no le pertenecían.
Habría que poner fin a la falta de información y de interpretación coherente que persiste año tras año y siglo tras siglo para que no se conozca la verdad y solo pueda haber propaganda, y también a la falta de justicia y al privilegio rotundo de una oligarquía indiferente y acostumbrada a arreglarlo todo por arriba para dominar y que trabajen gratis para ella.  Fue esa oligarquía la que trajo la dictadura de Franco y la que después  impuso su perpetuación aprovechando la pasividad y el infantilismo que el régimen había insertado.  Los verdaderos ¨hijos de Franco¨ no fueron los de los primeros años de la dictadura franquista, sino los de después, los que nunca vieron otra cosa y se dejaron engañar y  manejar.
¿Por qué marchó el rey Alfonso XIII del país en un momento en que, si tuviese un mínimo de patriotismo, tendría que haberse quedado?  Muchos de aquel entonces lo consideraron traidor por haberlo hecho. ¿Sería porque negociaron con él que se marchase y dejase que ocurriese lo que estaban preparando, a cambio de que en el futuro volviese la monarquía? ¿Formó parte de lo maquinado que de repente apareciese un general que estaba en África y acabase con la República armando una guerra civil que siguió las pautas de la Inquisición y persiguió y asesinó ¨herejes¨ para dar a la oligarquía social y eclesiástica el poder de avasallar y robar? ¿Fue Franco una figura manejada por otros para que apareciese como protagonista de una trama dirigida a acabar con toda posibilidad de rebeldía contra la España anquilosada que no podía ni quería cuestionar la jerarquía y el hecho de que unos cuantos viviesen muy bien a cuenta de los demás? Tal como se desarrolló la trama, lo cierto fue que Franco despejó el terreno para que volviese la monarquía y el llamado orden, y para que los habitantes de España, cada vez más crédulos y peor informados, estuviesen dispuestos a dejar que los gobernasen sin oponerse, regalándose y regalando el país a quien lo quisiera manejar.
España es el único país en el que nunca se cuestionó la Unión Europea y en el que hacerlo sería casi pecado.  Se dio por hecho que era la solución a todo, la panacea que permitiría estar entre los ricos y no tener que gobernar porque otros lo harían desde fuera.  Lo que gustó fue que permitiese la apariencia de democracia y dictase lo que había que hacer.  El resultado fue que, más que robo, hubo saqueo y corrupción insolente, y que los políticos actuaron como opositores  a cargos que daban dinero y poder y se ganaban aprendiendo los temas de memoria y teniendo una buena recomendación.
El españolismo desaforado que se presenta como defensa de España y amor a la Patria oculta que el país está vendido y sin gobierno, manejado para el beneficio de los oligarcas de dentro y de fuera. Los aforos y las inmunidades que surgieron en la falsa democracia harían de España la risa del mundo si se supiesen.  Un país en el que no se puede informar con libertad ni someter a escrutinio a los que tienen autoridad está abriendo las puertas al robo y la corrupción y a estar gobernado por ladrones y gentes que no se ocupan más que de su propia posición y de llenar las arcas de la familia.  Si se admite que los reyes, los políticos, los jueces, la jerarquía eclesiástica y todos los que gozan de mando tienen derecho a ocultar lo que hacen, a no dar explicaciones y a deshacerse de los que las piden, el resultado lógico será que esos dotados de supremacía e infalibilidad buscarán su propio provecho y actuarán como delincuentes sin escrúpulos amparados por la ley.
Noviembre de 2018

Thursday, 27 September 2018

El futuro de España


Teresa Barro
Los habitantes de ese país que se llama España no son capaces de forjar el futuro y se dejan llevar por la corriente, a la espera de que alguien les diga lo que hay que hacer o que sea la vida misma la que se encargue de llevarlos a algún puerto.  Es una actitud infantil que, dado que no parece provenir de que sean menos inteligentes o estén menos dispuestos a trabajar y a abrirse camino que los demás, tiene que ser producto de lo acaecido, y de la psicología y manera de hacer, pensar y sentir creadas por las circunstancias. Habría que analizar el porqué de la incapacidad de tomar las riendas del presente y forjar el futuro, y llegar a una catarsis que libere de la enfermedad y anime la mente y el espíritu.  Y para eso hay que ver lo que pasó con la dictadura de Franco, lo que esa dictadura significó y cuáles fueron sus efectos.
La dictadura de Franco cortó el espíritu emprendedor que había surgido en la Segunda República y estaba dispuesto a curar ¨los males de España¨ abriendo nuevos caminos y dejando atrás la pasividad y la resignación.  Entre esos males destacaban el poder absoluto de una Iglesia corrupta y sin escrúpulos, que más que organización religiosa era una mafia omnipotente, y un sistema de enseñanza pésimo que, en gran parte por estar al servicio de esa falsa Iglesia, en vez de formar el intelecto, lo incapacitaba.
La dictadura infantiliza, impone amoldamiento y conformidad e inserta el vicio de la indiferencia y del no pensar ni sentir.  Cambiar solo el régimen político no cura esos efectos: hay que verlos, analizarlos y tener en cuenta que, con el tiempo, la gente se acostumbra a que le dicten y le den todo hecho, y hasta lo prefiere.
Hay tres cuestiones básicas que no dejan despejar el camino y que, una y otra vez, llevan a la repetición y al atraso:  el centralismo, la Iglesia y la enseñanza.
El sistema de autonomías fue inventado para tapar el problema que crearon los Reyes Católicos cuando centralizaron el poder por la fuerza, con ayuda de la Inquisición. A partir de ahí hubo incomodidad y recelo, división entre buenos y malos, discordia e injusticia. Las autonomias disfrazaron el centralismo y acrecentaron la burocracia que ya sobraba, el despilfarro y la componenda.  A España la llamaban también las Españas antes de la unificación forzada, por lo que la palabra España no tendría que significar el monolito sagrado que se impuso después.  Hay muchas maneras de organizar el territorio y muchos países que son federación, confederación o tienen alguna otra alianza como la del Reino Unido. Negarse a admitir esa posibilidad y presentar el querer libertad e independencia como si fuese pecado imperdonable y traición, exacerba los ánimos, crispa los nervios y no deja razonar.
La Iglesia católica, desde que se alió con la Corona en tiempos de los Reyes Católicos y se dedicó, muy en contra del cristianismo que decía defender, a perseguir, robar, torturar y matar, hizo de España, o las Españas, uno de sus centros de pillaje y rapiña.  El único momento en que temió que no la dejasen seguir prostituyéndose y abusando fue en la Segunda República, y por eso empujó a que se acabase con ella y se implantase la dictadura que le permitió reanudar el atropello, como se lo permitió la falsa democracia que vino después.
Ninguna religión tiene derecho a imponerse y a buscar el poder en ningún país. Si una religión lo hace, es señal de que los que la manejan no creen en lo que predican y la usan para sembrar el mal en nombre del bien. Los fieles de una religión son los únicos que tendrían que pagar todo lo que se refiera a ella.  Los católicos, y nadie más, tendrían que hacerse cargo del gasto de mantener a su iglesia. Toda concesión de privilegio debiera considerarse inmoralidad y robo. La Iglesia no debería recibir fondos del gobierno, es decir, de todos los ciudadanos y tendría que pagar impuestos y someterse al mismo régimen que los demás. Otra cosa debiera considerarse ilegalidad y desafuero.
La enseñanza es otra dimensión que, si no se corrige, seguirá hundiendo a España en el atraso como lo hizo hasta ahora. Tendría que dejar de ser una tortura encaminada a eliminar y dejar a la mayoría sin futuro, sin saber pensar, sin cultura y sin acceso al trabajo, y centrarse en formar el intelecto y orientar, en lugar de desorientar y matar el interés y la curiosidad intelectual.  No debiera permitirse que los profesores actúen como dioses olímpicos sin interés por los alumnos y, menos aún, que demuestren sadismo y gusto por perjudicar, aplastar y cortar caminos e ilusión.  La enseñanza tiene que ser siempre para abrir mentes y equipar, sabiendo que todo cambia y que lo que hay que conseguir es un intelecto despierto, capaz de entender, apreciar y calibrar.  No es para hacer elites que vivan en el privilegio y la superioridad gracias a los títulos que consiguieron, porque esas elites, con su intelecto sumiso y abombado, gobernarán mal y no entenderán nada ni les importará nada que no sea mando, riqueza, primacía e impunidad.
Septiembre de 2018

Wednesday, 20 June 2018

Feminismo y lenguaje


Teresa Barro
A las elites que se apoderaron del mundo les viene muy bien que se cultiven las apariencias y se desatienda el fondo de los problemas.  Lo que quieren es que, en vez de haber una educación y enseñanza que independicen, se inculque la dependencia eterna y la ignorancia bajo apariencia de lo contrario, y que la retórica del cuidado y la sostenibilidad ambiental sirva para hacer grandes negocios que no lo parezcan.  Lo mismo ocurre con el feminismo: la ¨igualdad¨  feminista sirve casi siempre para que todo quede en una cuestión de lenguaje políticamente correcto, aunque sea incorrecto desde el punto de vista gramatical, incoherente, molesto, favorezca el machismo y estropee el idioma.
¿Es feminista decir las ministras y los ministros, la jueza y la fiscala? ¿Traerá eso más justicia para las mujeres, o potenciará el machismo y la supremacía de lo masculino?  Confundir el género gramatical, que nada tiene que ver con el sexo, con ese ¨género¨ que surgió como eufemismo, para no tener que hablar de sexo y de mujeres, en un país cuyo idioma, el inglés, no tiene género gramatical, siembra doblez y disimulo, y hace parecer conquista feminista lo que no es más que servilismo y aceptación de la supremacía de lo masculino sobre lo femenino y del mundo machista. Dado que no hay el juezo ni el fiscalo, tampoco tiene que haber la jueza ni la fiscala.  Basta con usar el artículo según sea varón o mujer: el juez y el fiscal, o la juez y la fiscal.  El español no es un idioma más machista que el inglés: el inglés no tiene género gramatical, el español tiene dos géneros, el alemán tres y hay lenguas que tienen varios.  Una sociedad de lengua inglesa puede ser más machista que las de lenguas con género gramatical, porque una cosa no tiene que ver con la otra.  Si habrá que decir las madrileñas y los madrileños para que las mujeres adquieran existencia, estaremos a merced de quien quiera otorgales esa existencia o negársela, cuando siempre estuvo muy claro que los madrileños son mujeres y hombres y que si queremos referirnos únicamente a los varones tenemos que especificar y decir los madrileños varones.
No parece molestar, en cambio, que en España haya pasado a ser de uso corriente y casi único un lenguaje grosero, típico de machos de bajos fondos, en el que se hace referencia constante al órgano sexual masculino como fuente de poder y a la puta o, peor aún, a los hijos de una puta. Ese lenguaje responde a la visión de la mujer como posible prostituta siempre, la mujer como instrumento de placer para el hombre, que responde a sus fantasías y le hace creer que le encanta que la use, la maltrate y la desprecie; la mujer deshumanizada, cuya misión en esta vida es hacer lo que los hombres quieran, la mujer como tentación de un momento, que se anula reduciéndola a carne y mercancía o matándola. Lo peor que puede pasar, según ese lenguaje y esa visión del mundo, es ser ¨hijo de puta¨. El nivel de la puta es tan bajo que un hombre, haga lo que haga, no podría caer en él;  es solo para mujeres, y se sobreentiende, en esa visión del mundo, que a toda mujer se le puede obligar a serlo y que si no se hace con todas es porque hacen falta algunas ¨decentes¨ para formar la familia patriarcal.  En estos momentos en que la trata de mujeres para dedicarlas a la prostitución es uno de los negocios más infames y que más dinero dan, junto con las drogas, las armas y la esclavitud, usar ese lenguaje es aceptar la desigualdad primordial entre hombres y mujeres y la visión machista del varón como ser supremo y de la mujer como esclava para satisfacer sus caprichos.  
El feminismo tendría que luchar contra esas dos usos dañinos de la lengua, el lenguaje del duplicado de género que niega la existencia de las mujeres hasta que se les nombra de forma explícita usando el género gramatical femenino, y el centrado en la supremacía de una sexualidad masculina manejada por el patriarcado para imponer jerarquía nata y el derecho a esclavizar.  Aunque uno de ellos se use ahora en nombre de la igualdad, los dos propician el machismo, la adoración fálica, la superioridad e inferioridad nata y el que las mujeres tengan que aceptar e imitar el modelo impuesto por el patriarcado.
Junio de 2018