Thursday, 1 November 2018

El eterno mal gobierno de España


Teresa Barro
España vive en una especie de dictadura desde que los Reyes Católicos, con el apoyo de la Iglesia, instituyeron un sistema de abuso y latrocinio que hizo que la mayoría tuviese que trabajar para sostener a una oligarquía privilegiada que despreciaba el trabajo.  Pasaron los siglos y lo mismo sucede ahora:  se acribilla con impuestos a los que trabajan de verdad porque de su dinero tienen que salir los lujos, los sueldos imponentes y la vida a lo grande de los acostumbrados a embolsar e imperar.
Los habitantes de España vivieron desde el siglo XV mutilados por un sistema dictatorial que tomó diversas formas, unas más agresivas que otras, pero que les infundió miedo y desconfianza en sí mismos, los aborregó y los acostumbró a dejar que las autoridades decidiesen por ellos y los tratasen mal.  Todo dirigido siempre por una Iglesia abusiva que no dudó en torturar, matar y quemar ¨herejes¨ para hacerse con el poder absoluto y con bienes que no le pertenecían.
Habría que poner fin a la falta de información y de interpretación coherente que persiste año tras año y siglo tras siglo para que no se conozca la verdad y solo pueda haber propaganda, y también a la falta de justicia y al privilegio rotundo de una oligarquía indiferente y acostumbrada a arreglarlo todo por arriba para dominar y que trabajen gratis para ella.  Fue esa oligarquía la que trajo la dictadura de Franco y la que después  impuso su perpetuación aprovechando la pasividad y el infantilismo que el régimen había insertado.  Los verdaderos ¨hijos de Franco¨ no fueron los de los primeros años de la dictadura franquista, sino los de después, los que nunca vieron otra cosa y se dejaron engañar y  manejar.
¿Por qué marchó el rey Alfonso XIII del país en un momento en que, si tuviese un mínimo de patriotismo, tendría que haberse quedado?  Muchos de aquel entonces lo consideraron traidor por haberlo hecho. ¿Sería porque negociaron con él que se marchase y dejase que ocurriese lo que estaban preparando, a cambio de que en el futuro volviese la monarquía? ¿Formó parte de lo maquinado que de repente apareciese un general que estaba en África y acabase con la República armando una guerra civil que siguió las pautas de la Inquisición y persiguió y asesinó ¨herejes¨ para dar a la oligarquía social y eclesiástica el poder de avasallar y robar? ¿Fue Franco una figura manejada por otros para que apareciese como protagonista de una trama dirigida a acabar con toda posibilidad de rebeldía contra la España anquilosada que no podía ni quería cuestionar la jerarquía y el hecho de que unos cuantos viviesen muy bien a cuenta de los demás? Tal como se desarrolló la trama, lo cierto fue que Franco despejó el terreno para que volviese la monarquía y el llamado orden, y para que los habitantes de España, cada vez más crédulos y peor informados, estuviesen dispuestos a dejar que los gobernasen sin oponerse, regalándose y regalando el país a quien lo quisiera manejar.
España es el único país en el que nunca se cuestionó la Unión Europea y en el que hacerlo sería casi pecado.  Se dio por hecho que era la solución a todo, la panacea que permitiría estar entre los ricos y no tener que gobernar porque otros lo harían desde fuera.  Lo que gustó fue que permitiese la apariencia de democracia y dictase lo que había que hacer.  El resultado fue que, más que robo, hubo saqueo y corrupción insolente, y que los políticos actuaron como opositores  a cargos que daban dinero y poder y se ganaban aprendiendo los temas de memoria y teniendo una buena recomendación.
El españolismo desaforado que se presenta como defensa de España y amor a la Patria oculta que el país está vendido y sin gobierno, manejado para el beneficio de los oligarcas de dentro y de fuera. Los aforos y las inmunidades que surgieron en la falsa democracia harían de España la risa del mundo si se supiesen.  Un país en el que no se puede informar con libertad ni someter a escrutinio a los que tienen autoridad está abriendo las puertas al robo y la corrupción y a estar gobernado por ladrones y gentes que no se ocupan más que de su propia posición y de llenar las arcas de la familia.  Si se admite que los reyes, los políticos, los jueces, la jerarquía eclesiástica y todos los que gozan de mando tienen derecho a ocultar lo que hacen, a no dar explicaciones y a deshacerse de los que las piden, el resultado lógico será que esos dotados de supremacía e infalibilidad buscarán su propio provecho y actuarán como delincuentes sin escrúpulos amparados por la ley.
Noviembre de 2018

Thursday, 27 September 2018

El futuro de España


Teresa Barro
Los habitantes de ese país que se llama España no son capaces de forjar el futuro y se dejan llevar por la corriente, a la espera de que alguien les diga lo que hay que hacer o que sea la vida misma la que se encargue de llevarlos a algún puerto.  Es una actitud infantil que, dado que no parece provenir de que sean menos inteligentes o estén menos dispuestos a trabajar y a abrirse camino que los demás, tiene que ser producto de lo acaecido, y de la psicología y manera de hacer, pensar y sentir creadas por las circunstancias. Habría que analizar el porqué de la incapacidad de tomar las riendas del presente y forjar el futuro, y llegar a una catarsis que libere de la enfermedad y anime la mente y el espíritu.  Y para eso hay que ver lo que pasó con la dictadura de Franco, lo que esa dictadura significó y cuáles fueron sus efectos.
La dictadura de Franco cortó el espíritu emprendedor que había surgido en la Segunda República y estaba dispuesto a curar ¨los males de España¨ abriendo nuevos caminos y dejando atrás la pasividad y la resignación.  Entre esos males destacaban el poder absoluto de una Iglesia corrupta y sin escrúpulos, que más que organización religiosa era una mafia omnipotente, y un sistema de enseñanza pésimo que, en gran parte por estar al servicio de esa falsa Iglesia, en vez de formar el intelecto, lo incapacitaba.
La dictadura infantiliza, impone amoldamiento y conformidad e inserta el vicio de la indiferencia y del no pensar ni sentir.  Cambiar solo el régimen político no cura esos efectos: hay que verlos, analizarlos y tener en cuenta que, con el tiempo, la gente se acostumbra a que le dicten y le den todo hecho, y hasta lo prefiere.
Hay tres cuestiones básicas que no dejan despejar el camino y que, una y otra vez, llevan a la repetición y al atraso:  el centralismo, la Iglesia y la enseñanza.
El sistema de autonomías fue inventado para tapar el problema que crearon los Reyes Católicos cuando centralizaron el poder por la fuerza, con ayuda de la Inquisición. A partir de ahí hubo incomodidad y recelo, división entre buenos y malos, discordia e injusticia. Las autonomias disfrazaron el centralismo y acrecentaron la burocracia que ya sobraba, el despilfarro y la componenda.  A España la llamaban también las Españas antes de la unificación forzada, por lo que la palabra España no tendría que significar el monolito sagrado que se impuso después.  Hay muchas maneras de organizar el territorio y muchos países que son federación, confederación o tienen alguna otra alianza como la del Reino Unido. Negarse a admitir esa posibilidad y presentar el querer libertad e independencia como si fuese pecado imperdonable y traición, exacerba los ánimos, crispa los nervios y no deja razonar.
La Iglesia católica, desde que se alió con la Corona en tiempos de los Reyes Católicos y se dedicó, muy en contra del cristianismo que decía defender, a perseguir, robar, torturar y matar, hizo de España, o las Españas, uno de sus centros de pillaje y rapiña.  El único momento en que temió que no la dejasen seguir prostituyéndose y abusando fue en la Segunda República, y por eso empujó a que se acabase con ella y se implantase la dictadura que le permitió reanudar el atropello, como se lo permitió la falsa democracia que vino después.
Ninguna religión tiene derecho a imponerse y a buscar el poder en ningún país. Si una religión lo hace, es señal de que los que la manejan no creen en lo que predican y la usan para sembrar el mal en nombre del bien. Los fieles de una religión son los únicos que tendrían que pagar todo lo que se refiera a ella.  Los católicos, y nadie más, tendrían que hacerse cargo del gasto de mantener a su iglesia. Toda concesión de privilegio debiera considerarse inmoralidad y robo. La Iglesia no debería recibir fondos del gobierno, es decir, de todos los ciudadanos y tendría que pagar impuestos y someterse al mismo régimen que los demás. Otra cosa debiera considerarse ilegalidad y desafuero.
La enseñanza es otra dimensión que, si no se corrige, seguirá hundiendo a España en el atraso como lo hizo hasta ahora. Tendría que dejar de ser una tortura encaminada a eliminar y dejar a la mayoría sin futuro, sin saber pensar, sin cultura y sin acceso al trabajo, y centrarse en formar el intelecto y orientar, en lugar de desorientar y matar el interés y la curiosidad intelectual.  No debiera permitirse que los profesores actúen como dioses olímpicos sin interés por los alumnos y, menos aún, que demuestren sadismo y gusto por perjudicar, aplastar y cortar caminos e ilusión.  La enseñanza tiene que ser siempre para abrir mentes y equipar, sabiendo que todo cambia y que lo que hay que conseguir es un intelecto despierto, capaz de entender, apreciar y calibrar.  No es para hacer elites que vivan en el privilegio y la superioridad gracias a los títulos que consiguieron, porque esas elites, con su intelecto sumiso y abombado, gobernarán mal y no entenderán nada ni les importará nada que no sea mando, riqueza, primacía e impunidad.
Septiembre de 2018

Wednesday, 20 June 2018

Feminismo y lenguaje


Teresa Barro
A las elites que se apoderaron del mundo les viene muy bien que se cultiven las apariencias y se desatienda el fondo de los problemas.  Lo que quieren es que, en vez de haber una educación y enseñanza que independicen, se inculque la dependencia eterna y la ignorancia bajo apariencia de lo contrario, y que la retórica del cuidado y la sostenibilidad ambiental sirva para hacer grandes negocios que no lo parezcan.  Lo mismo ocurre con el feminismo: la ¨igualdad¨  feminista sirve casi siempre para que todo quede en una cuestión de lenguaje políticamente correcto, aunque sea incorrecto desde el punto de vista gramatical, incoherente, molesto, favorezca el machismo y estropee el idioma.
¿Es feminista decir las ministras y los ministros, la jueza y la fiscala? ¿Traerá eso más justicia para las mujeres, o potenciará el machismo y la supremacía de lo masculino?  Confundir el género gramatical, que nada tiene que ver con el sexo, con ese ¨género¨ que surgió como eufemismo, para no tener que hablar de sexo y de mujeres, en un país cuyo idioma, el inglés, no tiene género gramatical, siembra doblez y disimulo, y hace parecer conquista feminista lo que no es más que servilismo y aceptación de la supremacía de lo masculino sobre lo femenino y del mundo machista. Dado que no hay el juezo ni el fiscalo, tampoco tiene que haber la jueza ni la fiscala.  Basta con usar el artículo según sea varón o mujer: el juez y el fiscal, o la juez y la fiscal.  El español no es un idioma más machista que el inglés: el inglés no tiene género gramatical, el español tiene dos géneros, el alemán tres y hay lenguas que tienen varios.  Una sociedad de lengua inglesa puede ser más machista que las de lenguas con género gramatical, porque una cosa no tiene que ver con la otra.  Si habrá que decir las madrileñas y los madrileños para que las mujeres adquieran existencia, estaremos a merced de quien quiera otorgales esa existencia o negársela, cuando siempre estuvo muy claro que los madrileños son mujeres y hombres y que si queremos referirnos únicamente a los varones tenemos que especificar y decir los madrileños varones.
No parece molestar, en cambio, que en España haya pasado a ser de uso corriente y casi único un lenguaje grosero, típico de machos de bajos fondos, en el que se hace referencia constante al órgano sexual masculino como fuente de poder y a la puta o, peor aún, a los hijos de una puta. Ese lenguaje responde a la visión de la mujer como posible prostituta siempre, la mujer como instrumento de placer para el hombre, que responde a sus fantasías y le hace creer que le encanta que la use, la maltrate y la desprecie; la mujer deshumanizada, cuya misión en esta vida es hacer lo que los hombres quieran, la mujer como tentación de un momento, que se anula reduciéndola a carne y mercancía o matándola. Lo peor que puede pasar, según ese lenguaje y esa visión del mundo, es ser ¨hijo de puta¨. El nivel de la puta es tan bajo que un hombre, haga lo que haga, no podría caer en él;  es solo para mujeres, y se sobreentiende, en esa visión del mundo, que a toda mujer se le puede obligar a serlo y que si no se hace con todas es porque hacen falta algunas ¨decentes¨ para formar la familia patriarcal.  En estos momentos en que la trata de mujeres para dedicarlas a la prostitución es uno de los negocios más infames y que más dinero dan, junto con las drogas, las armas y la esclavitud, usar ese lenguaje es aceptar la desigualdad primordial entre hombres y mujeres y la visión machista del varón como ser supremo y de la mujer como esclava para satisfacer sus caprichos.  
El feminismo tendría que luchar contra esas dos usos dañinos de la lengua, el lenguaje del duplicado de género que niega la existencia de las mujeres hasta que se les nombra de forma explícita usando el género gramatical femenino, y el centrado en la supremacía de una sexualidad masculina manejada por el patriarcado para imponer jerarquía nata y el derecho a esclavizar.  Aunque uno de ellos se use ahora en nombre de la igualdad, los dos propician el machismo, la adoración fálica, la superioridad e inferioridad nata y el que las mujeres tengan que aceptar e imitar el modelo impuesto por el patriarcado.
Junio de 2018

Sunday, 29 April 2018

Cómo se impuso la idea de que la mujer era inferior al hombre


Teresa Barro
No se sabe cuándo empezó el patriarcado a regir la sociedad humana, pero lo que sí puede saberse es cómo se manejaron las religiones para otorgarle origen divino y avalarlo.
Si analizamos la Biblia, por ejemplo, es evidente que ese conjunto de libros, cuyos textos pasaron por tantas manos y fueron escritos en tantas épocas e idiomas distintos, no puede ser palabra directa de Dios.  Dios no parece haber dictado ninguno de esos textos, y Jesucristo, que podría haber dejado algo escrito, no lo hizo.  Muchas partes del Antiguo Testamento, la mayoría quizá, son historia de los judíos, otras solo se pueden entender en el contexto del judaísmo, y los evangelios del Nuevo Testamento fueron escritos mucho después de la vida de su protagonista. Todo ello, por tanto, tendría que ser sometido a análisis y crítica e interpretado con intuición y veracidad.  Lo que se hizo fue tergiversarlo e interpretarlo con impostura e infidelidad para respaldar el patriarcado y hacer creer que un Dios varón y Patriarca había impuesto, desde el primer momento de la creación, la superioridad del varón y la inferioridad de la mujer.
El relato de la creación que figura en el Génesis es un mito, una cosmogonía, y no puede utilizarse para imponer normas y doctrinas.  Es hoy el día, sin embargo, en que la Iglesia Católica sigue basando su dañino precepto de que hay que tener el mayor número de hijos posible en una frase atribuida a Dios en ese mito: ¨Creced y reproducíos¨.  Esa frase, en el contexto en que se dice, solo puede indicar que Dios está satisfecho con su obra y la deja vivir.  No indica que la reproducción humana deba ser descontrolada.  Pero esa interpretación sin fundamento fortaleció la injusticia e irresponsabilidad de la sociedad patriarcal haciendo creer que los hijos los hacía en realidad el padre divino y que era él quien tenía que hacerse cargo y no los humanos, que ya cumplían con aceptar el envío.
La interpretación que las iglesias cristianas hicieron del Mito de la Creación está viva y enraizada en la mentalidad de todos los pertenecientes a sociedades que adoptaron el cristianismo, sean creyentes o no.  Esa interpretación insertó la idea de que la mujer era de origen inferior y propiedad del varón por haber sido hecha de una costilla de él.  Y también de que era tentadora y causante de la caída en desgracia de los humanos por haberle dado al varón la manzana del mal.  Implícito en esa interpretación está que la mujer merece desprecio y maltrato por haber tenido la culpa de la expulsión del Paraíso.
Si se analiza sin prejuicios el mito de la Creación, lo que se ve es que, en la manera en que construye el dios llamado por unos Yawe y por otros Elohim (este último nombre indicaría, según algunos estudiosos, una naturaleza más femenina que masculina), hay una secuencia que va de inferior a superior: primero hace lo inanimado y después lo más complejo y avanzado.  La creación culmina en el ser humano, pero no en el varón, sino en la mujer.  La mujer es lo último creado, y lo lógico sería pensar que ella fue lo más perfecto y afín al dios creador, puesto que ese dios parece ir aprendiendo en su tarea y sometiendo a prueba y estudio todo lo que va creando.  Dado que el varón ya llevaba algún tiempo viviendo cuando hizo a la mujer, es de suponer que en ella habría corregido los defectos que pudiera haber visto en él.  Si el varón hubiese sido el último creado, las iglesias habrían asegurado que él era la coronación del universo y que eso probaba su superioridad innata y que había nacido para ser el rey de la creación.
El hecho de que en el mito el dios Elohim crease a la mujer de una costilla del varón fue interpretado como señal de que había nacido para ser subordinada y servidora.  Pero una costilla es una parte noble del cuerpo humano, cercana al corazón, y es indudable que ese origen es mucho más distinguido que el de nacer del polvo de la tierra, refrendado además en el relato cuando Elohim decide que no pueden seguir en el Paraíso y le recuerda al varón, no a la mujer, que ¨polvo eres y en polvo te convertirás¨.   Si fuese la mujer la que había nacido del polvo de la tierra y el hombre de una costilla de ella, las iglesias se habrían apresurado a presentarlo como prueba irrefutable de la superioridad del varón y de que la mujer era de peor origen y calidad.
Según la interpretación divulgada por las iglesias, la mujer fue la tentadora del varón por haberle dado la manzana del arbol prohibido.  Pero si la serpiente, símbolo de sabiduría, se la hubiese dado al varón, habrían dicho que se había dirigido a él por ser el más inteligente y el cabeza de familia.
La llamada expulsión del Paraíso sirvió para pintar un dios modelo de Patriarca autoritario, caprichoso e iracundo, que arroja a los hijos del hogar paterno si desobedecen sus órdenes, pero esa interpretación falsea el texto y no resiste el mínimo análisis.  Elohim les dice a Adán y Eva que no deben tocar el árbol de la vida ni el del bien y el mal.  Esos ¨árboles¨ parecen ser las principales fuentes de energía del universo recién creado, el intrincado programa o diagrama del mundo físico y espiritual.  Según la burda interpretación que las iglesias hicieron para apuntalar la idea de un Patriarca varón y tiránico que trata a sus hijos como esclavos, Dios les dijo que no tocasen aquellos árboles para poner a prueba su obediencia, pero sería mucho más lógico pensar que les avisa de que no los toquen para que no averíen lo recién creado y ocasionen una catástrofe.  En aquellos momentos toda la creación era muy nueva, y el varón y la mujer estaban aún aprendiendo a manejar todo lo que en ella  había.  Lo más probable es que hubiese llegado el momento en que estuviesen preparados para la tarea de manejar las fuerzas o energías que los dos ¨arboles¨ contenían.  El aviso habrá sido como el que se daría a alguien de que no tocase nada en una planta nuclear, aunque las energías en juego serían mucho más poderosas y por tanto más peligrosas.  Esto lo refrenda el que cuando Dios ve que tocaron el árbol de la vida y dañaron el orden previsto, decide que lo mejor será evitar que toquen también el árbol del bien y el mal, puesto que si descomponen esas energías estarán condenados a vivir para siempre en el estado defectuoso en que quedaron a raíz de haber alterado el otro árbol.  Lo que dice Dios cuando los aparta del Paraíso, que las iglesias quisieron interpretar como el castigo del Patriarca a los hijos desobedientes, no es un castigo, sino una descripción o profecía de lo que les sucederá por haber dañado la creación y haber quedado ellos mismos en un estado debilitado.  Al varón le dice que tendrá que ganar el pan con el sudor de su frente, lo que en el estado anterior no habría tenido que hacer, y a la mujer le confiere la potestad de dar vida, pero le dice que tendrá que dar a luz con dolor y que, en el estado deteriorado en que cayeron, el varón mandará en ella y ella le dejará hacerlo, lo cual indica que en el estado original la mujer nunca habría permitido que el varón ejerciese dominio sobre ella y que lo que lo que sucedió no fue lo que estaba ideado.  Si la potestad de dar vida se la hubiese dado Dios al varón, las iglesias lo habrían presentado como prueba indiscutible de que él era el superior.  Las iglesias nunca se opusieron a que los hombres desobedeciesen el ¨castigo¨ y sudasen lo menos posible para ganar el pan, pero insistieron en cambio en que la mujer debía acatar lo que, según ellas, era decreto divino, y tener los hijos con dolor.  Y es hoy el día en que esa idea sádica, que daña a las mujeres y a los hijos, no solo la siguen imponiendo las iglesias, sino todos los que desean que las mujeres sufran y los hijos también, como conviene al sistema autoritario.
En el Mito de la Creación, que tanto fue aprovechado para insertar misoginia y santificar el patriarcado, no hay nada que pueda servir de base a esas interpretaciones.  Hay desde el principio un Dios masculino y femenino a la vez, inventor y trabajador, que hace la tarea solo en vez de encomendársela a esclavos y que concibe al ser humano, varón y mujer, como creador y no como siervo o vasallo.  Lo que es un relato sin atisbos de misoginia ni de autoritarismo, y en el que se profetiza el abuso al que serán sometidas las mujeres como uno de los males que ocurrirá, no como algo previsto y ordenado desde el principio, fue falsificado para adaptarlo al patriarcado.
Leer un mito al pie de la letra y extraer de él normas y mandatos es tarea absurda y propia de ignorantes, porque un mito hay que entenderlo como si fuese música o poesía.  Un relato que acentúa el espíritu creador y la libertad fue devaluado y convertido en manual de despotismo y opresión. Sabios doctores tendrían las Iglesias, pero, cegados como estaban por los dogmas del patriarcado, no supieron leer el Mito de la Creación y transmitieron falsedad y engaño.
Abril de 2018